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La crisis edilicia de las escuelas de la ciudad y los cambios en la DICCE

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La crisis que se desató en la Ciudad de Buenos Aires alrededor del estado del edificio de una escuela es nada más que la punta de un iceberg de lo que sucede con una gestión que parece ?intentar? pero a la luz de los resultados, parece que ?no alcanza?.

Paradójicamente el conflicto surge en una de las jurisdicciones donde los edificios aparecen como mejor mantenidos, y que tiene uno de los pocos mecanismos regulares de distribución de fondos a las escuelas.
Todos saben ya que en la Ciudad, desde hace años se entrega a las Asociaciones Cooperadoras un subsidio para el mantenimiento edilicio que suele ser recibido a destiempo pero en forma (*).
Sin embargo no alcanza. No alcanza porque pensar que con 20$ por alumno por año se pueden mantener las escuelas es al menos una ingenuidad. Con esos montos se pueden arreglar vidrios, realizar reparaciones menores, pintura etc. pero es imposible con 10.000 $ por año sostener una estructura de 10.000 metros cuadrados.
Es posible que los funcionarios de la municipalidad piensen lo contrario. Que el arq. Rey ascendido después de múltiples críticas cuando se desempeñaba al frente de arquitectura escolar intente explicar lo inexplicable luego de la clausura judicial del Normal Nº 9, pero los cooperadores de la ciudad saben que la realidad es la que se vive en cada escuela cada día, en cada reunión de cooperadora cuando se decide qué es lo urgente y prioritario y qué se deja para ?tiempos mejores?.
También es preocupante saber que sí hay dinero y que no se administra con eficiencia.
Tomemos un caso.
El Nacional Roca (ubicado en el barrio de Belgrano R) tiene un edificio que no llega a 15 años. Un año atrás se quedó sin gas por algunas pérdidas y la reparación presupuestada requería aproximadamente 10.000$. Como la cooperadora no los tenía se pidió la participación de arquitectura escolar que, en vez de decidir otorgar un subsidio extra a la escuela, o llevar una cuadrilla de empleados de la municipalidad llamó a una licitación.
Y entonces una reparación que podía hacerse en 1 semana o dos, tardó 3 meses. Sí: la mitad del invierno la escuela estuvo sin calefacción.
¿Qué sucedió? ¿Desconfianza en la cooperadora? No
Falta de instrumentos legales? No
Simplemente ineficacia y desinterés en los alumnos y docentes de la escuela.

Entiendo que vale la pena reflexionar. El reemplazo de Guillermo Moranchel por Pablo Ronderos al frente de la DICCE puede servir como motor de nuevos cambios. Quizás sea hora que las Asociaciones Cooperadoras jueguen otro rol. Que sean invitadas antes que los hechos se sucedan. Que participen con la elaboración de un Presupuesto que sea tenido en cuenta para la distribución de fondos. Que se le otorgue a la ciudadanía el rol que el Estado destruido por 10 años de neoliberalismo  y enviciado por la corrupción y la defensa corporativa ya no puede cumplir.
No vaya a suceder, digo, que el próximo desastre sea por una cuestión alimentaria. No nos olvidemos que en la Ciudad ?mandan? los concesionarios que se ?cartelizaron? porque ? según se dice- no estaban de acuerdo al pliego de licitación y simplemente se les prorrogaron los anteriores contratos.
No vaya a suceder que ?por temor u otro motivo- no se los controle como se necesita  y que en alguna escuela, en algún comedor, termine produciéndose una desgracia.

Sabemos que además de los cooperadores, muchos funcionarios del área leen estas páginas, digo, como para que nadie diga después que no se les avisó.

Rubén Ostrower

Modificado por última vez enMartes, 10 Julio 2007 17:34

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