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Entrenan docentes,producen materiales y destinan fondos para acercar a las familias a las aulas

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Modelos en educación: en hogares comprometidos, los chicos aprenden más
Padres y escuelas, una alianza eficaz 
 
El reclamo de la comunidad convirtió la vinculación entre colegios y familias en una real política de Estado

Escocia
El gobierno escocés destina recursos, entrena docentes y produce materiales para acercar a las familias a las aulas
Un sistema descentralizado y participativo 

EDIMBURGO.- Ni el origen socioeconómico ni el nivel educativo de la familia ni el entorno social en el que crece un chico son tan poderosos para definir qué tanto aprende como el compromiso que tengan sus padres con la escuela. 
Con ese principio comprobado con investigaciones varias, y frente al reclamo de los propios padres por involucrarse más en las escuelas de sus hijos, el gobierno escocés decidió tomar la relación entre padres y escuelas como una política de Estado.

En otras palabras, con recursos financieros, herramientas concretas de vinculación, una ronda de consultas a los interesados, un programa de comunicación pública, entrenamiento para docentes y autoridades, y un cronograma que incluye la presentación de un proyecto de ley en el Parlamento, a mediados de este año. 
La política se resume en una idea contundente: si los padres están al tanto de lo que sus hijos hacen en la escuela, acompañan ese aprendizaje en la casa y trabajan como un equipo con los docentes, sus hijos aprenden más.

Cuando se pasa a la realidad de las escuelas y las familias aparecen los obstáculos: "Es necesario convencer a muchos padres de que involucrarse en la educación de sus hijos es bueno, especialmente a los que no han tenido buenas experiencias como alumnos y en los niveles sociales más desfavorecidos. Hay que entrenar a los docentes para poder comunicarse con los padres y aceptar su presencia", describió a LA NACION Alan Armstrong, uno de los encargados de desarrollar la política escocesa, en un seminario organizado aquí por el British Council para compartir la iniciativa entre especialistas de diferentes países.

Un reclamo social
La decisión de obtener el mayor compromiso de los padres contrasta con la situación en la Argentina, donde no existe una política oficial y las iniciativas dependen de cada escuela o jurisdicción. En la ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, se creó en 2002 el programa Padres con la Escuela, una suerte de grado mínimo de vinculación, que los convoca a reuniones al comienzo y al final del ciclo lectivo.
Es cierto, sin embargo, que el gobierno escocés contó con una razón de peso para dedicarse a la cuestión: la demanda de los propios padres. En 2002 se organizó aquí un debate nacional para definir las prioridades para la educación escocesa hasta 2007.

Padres, docentes, directivos, autoridades locales y alumnos propusieron cambios para el sistema. Uno de ellos fue que se abrieran más espacios para los padres en las escuelas y se mejoraran las formas de relación. Hay en Escocia casi 769.000 alumnos (739.000 en escuelas estatales y 30.400 en privadas) y 53.282 docentes (50.048 en colegios estatales y 3234 en privados).

Hubo dos buenos puntos de partida para responder a la demanda: una tradición de vinculación en muchas escuelas y la forma de organización de las instituciones, que en su mayoría cuentan con asociaciones de padres y maestros y "school boards", cuerpos formados por representantes de padres, docentes y la comunidad, que se reúnen periódicamente, revisan el presupuesto, evalúan los cambios que se proponen las autoridades y hasta tienen facultades en su designación.

En general, la política del gobierno es diseñar herramientas concretas y tener disponible financiación y asesoramiento para que cada escuela decida cómo encarar el acercamiento con los padres de su propia comunidad.

Problemas en común
Eso sí, hay dificultades comunes. No todos los docentes son receptivos a los padres y en general no están entrenados para serlo; la relación es más sencilla en la primaria, pero se pierde en gran medida en la secundaria; muchas escuelas dan información a los padres, pero a destiempo o con materiales llenos de términos técnicos difíciles de traducir en datos útiles. En tanto, las razones de los padres para no acercarse van desde la vergüenza hasta la falta de tiempo. 
"Estamos desafiando a las escuelas a que averigüen qué quieren los padres y cómo los están satisfaciendo, y luego les damos apoyo y medios para que diseñen su propio modo de hacerlo", sintetizó Armstrong. 

En Woodside, una escuela primaria pública de Hamilton, una localidad de clase media a una hora de esta ciudad, los padres son una presencia cotidiana. Hay un grupo que ayuda a preparar material didáctico para que los más chicos aprendan a leer; otros asisten a la hora del almuerzo; la asociación de padres y maestros organiza ferias, juegos y conciertos para recaudar dinero para la escuela, y un grupo de abuelos cuida el jardín.

En la vecina y prestigiosa secundaria pública Hamilton Grammar se trabaja fuerte en la transición de la primaria, con visitas para los nuevos padres y reuniones con padres de años superiores; también hay una publicación periódica con consejos para ayudar a los chicos en época de exámenes y a elegir sus materias -el currículum es mucho más flexible que el que conocemos en la Argentina-, reuniones temáticas por materia, una encuesta para saber qué tan satisfechos se sienten con lo que aprenden sus hijos y talleres para padres de chicos con dificultades de aprendizaje.

Otras escuelas apelan a los padres más entusiastas para acercar a los más reticentes, y están las que crearon actividades para padres -hombres- desocupados, como asistencia en actividades deportivas y reparación de edificios. Las más innovadoras, incluso, instalaron stands en supermercados y shoppings durante los fines de semana, para llegar a los padres de sus comunidades.

Se trata de un sistema educativo altamente descentralizado: las 2984 escuelas (2833 públicas y 151 privadas) manejan casi todo su presupuesto, eligen sus autoridades, elaboran sus planes de desarrollo y pueden pedir fondos al gobierno local y al nacional y a organismos internacionales para concretarlos.

Sin embargo, hay un rasgo aquí que recuerda al sistema argentino: la diversidad, que abarca escuelas urbanas muy pobladas hasta pequeños establecimientos rurales en las tierras más aisladas del norte del país.

Por Raquel San Martín
Enviada especial
 
Fuente LA NACIÓN
http://www.lanacion.com.ar/cultura/nota.asp?nota_id=689008

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